Samohú: el Palo Borracho porteño y su capacidad de sobrevivir en la ciudad

Buenos Aires atraviesa su metamorfosis del fin del verano y, mientras el Gobierno de la Ciudad contabiliza más de 5.000 ejemplares de Palo Borracho custodiando sus veredas, la Ceiba speciosa – conocida por los guaraníes como Samohú – reclama su lugar como la verdadera dueña del paisaje urbano. No es solo un árbol, es una declaración de principios botánicos que combina una armadura de espinas con una floración frágil y espectacular.

Anatomía de un sobreviviente

El Palo Borracho es, en rigor, un tanque de agua viviente. Su característico tronco abultado es un mecanismo evolutivo para resistir sequías, funcionando como un reservorio de líquido. Esta “panza”, que le otorga su nombre popular, está protegida por aguijones cónicos que, según los expertos, evolucionaron para evitar que la megafauna sudamericana trepara y dañara sus ramas hace millones de años.

En la Ciudad, dos variantes se disputan la atención de los transeúntes:

Ceiba speciosa : de flor rosada, el más común en las avenidas porteñas.

Ceiba chodatii : de flores blancas o amarillentas.

El show de la floración

Desde el final del verano y hasta bien entrado el otoño, la Avenida 9 de Julio y parques como la Plaza San Martín se tiñen de un rosa intenso que desafía al cemento. Sus flores, que pueden medir hasta 15 cm de diámetro, atraen a picaflores y mariposas, convirtiendo a cada árbol en un ecosistema vertical en medio del caos de tránsito.

El fruto del Palo Borracho, una cápsula leñosa, libera al madurar una fibra de celulosa similar al algodón, el “kapok”, que, aunque no es apto para la industria textil de precisión, ha sido históricamente utilizado como relleno de almohadas y aislante térmico.

Los requisitos clave para su implantación y mantenimiento

El escenario ideal

Espacio crítico: Olvídese de las veredas angostas. Debido a la agresividad de sus raíces y al diámetro que alcanza su tronco, requiere grandes parques o jardines amplios.

Exposición solar: Necesita pleno sol (mínimo 6 horas directas) para desarrollarse y, sobre todo, para garantizar una floración copiosa.

Suelo y drenaje: Prefiere suelos profundos y fértiles y un excelente drenaje. No tolera el encharcamiento, que pudre rápidamente sus raíces. 

Cronograma de riego

Aunque es célebre por su resistencia a la sequía gracias a su tronco reservorio, su juventud demanda atención constante: 

Primer año: Se recomiendan dos riegos profundos por semana (no menos de 10 litros cada vez).

Adulto: Una vez establecido, el riego debe ser esporádico. Es preferible un riego abundante y muy espaciado que humedecer la superficie con frecuencia. 

Poda y Mantenimiento

En condiciones ideales, el Palo Borracho no necesita ser podado. Solo se interviene por razones de seguridad urbana (ramas muertas, obstrucción de luminarias o cables).

Control de plagas: En su etapa joven, es vital el control de hormigas negras, que pueden defoliar un ejemplar pequeño en una sola noche.

Sensibilidad al frío: Si bien se adapta al invierno de Buenos Aires, los ejemplares muy jóvenes sufren con las heladas fuertes. Es un árbol de hoja caduca que entra en latencia en otoño; no se alarme si pierde todo su follaje, es parte de su ciclo natural. 

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